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OBISPADO GUADIX-BAZA
  • Publicado: 06.12.2011, 12:57
     
    ASandy
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    Permitidme repita este Artículo de Carlos Asenjo, referente a San Torcuato


    Alhorí- Junio- 1960

    SAN TORCUATO, CORREGIDOR DE GUADIX

    Por Carlos Asenjo.

    Por uno de esos extraños misterios, que la historia nos muestra a cada paso, Dios destinó a San Torcuato, para Apóstol, de Guadix. A todo lo largo, de la costa de Levante, había puntos interesantes a donde ir, desde Roma. Al final de cuentas, Adra no era más que una playa anónima. Y, sin embargo es precisamente a las cercanías de Adra a donde pone precisamente a este puñado de hombres. Una vez en tierra, la mole gigantesca de Sierra Nevada es como otro non plus ultra. Pero ellos, como otros españoles, después, no dudan un momento. Se ve que traen perfectamente perfilado su plan de apostolado, porque sin entretenerse en hacer proselitismo en la costa, - las dulces costas de Almería - sin descansar a penas, saltan la Sierra, hacia el interior. Guadix, es decir la Colonia Julia Gemela, Acci, en su apremiante objetivo, su meta anhelada. El capitán de este grupo de hombres, Torcuato, adivina allí su tierra de promisión. Una tierra a la que hay que ir a través de montes y estepas, tendidas, como las de Canan a orillas de un río.

    Ya, por entonces en la España pacificada y romantizada los judíos abundan tras el surco de los cartagineses y el ambiente cosmopolita del Imperio. Hacía mucho tiempo que se encontraban, en este terrible éxodo, sin fin, con su patria subyugada por un derroche de tiranos. Poco tiempo después habían de ser una plaga de la que difícilmente se defiende la comunidad hispana. Torcuato y sus compañeros, que no podían ignorar esto, viajando desde Roma, estarían impuestos en una amplia información, fácilmente al alcance de su mano, para el mejor éxito de la empresa. Consecuencia de ello es poner a Adra ante la proa de su barco, como Acci en la meta de sus esperanzas y de sus sandalias. La famosa colonia romana es el centro del campo de operaciones proyectado. Estaba situada Acci, en lugar distinto del Guadix actual, más hacia el noroeste, cerca de los ríos Guadix, Alhama y Fardes, en un paraje desierto conocido con el nombre de Guadix el viejo. La ciudad, vetusta y cosmopolita, cargada de recuerdos cartagineses y de soldados romanos, con dos importantes vías del Imperio que se cruzaban en cuatro direcciones fundamentales, saturada de dioses romanos y bárbaros. Aduana obligada de todos los hombres que desde levante se dirigen al interior, abundante y fértil, usufructuaria del derecho itálico, con moneda propia, con la soberbia de colonia mimada de Roma, con el recuerdo de Aníbal y Julio Cesar cabalgando por sus calles, con la opulenta Bébelo de plata...la unidad dijo, no cabe duda que se ofrecería a cualquier visitante, sobre todo si era apóstol, como una policroma empresa, en donde la corrupción y la esperanza producían el vértigo del misterio. Los Varones Apostólicos, saltando la sierra, buscando sobre todas las rutas, aquella difícil que llevaba a Acci es la mejor apología del cosmopolitismo de la Acci romana.
    Llegaron los Varones Apostólicos con ocasión de que los indígenas y los avecindados como tales celebraban sus dioses, -Júpiter, Mercurio, Juno- Seguramente que también Isis y Netón-todos dioses extranjeros. Debieron predicarles, por otra parte poco debieron sorprenderles a los accitanos las vestimentas de los visitantes, a ellos precisamente, que estaban habituados a ver pasar, constantemente, extranjeros por las vías del Imperio, a ellos; muchos soldados romanos, que habían pisado todo el mundo conocido hasta importar dioses de todas las latitudes Los judíos no estarían ajenos Surgió el altercado, la persecución, el famoso milagro del puente-la mecha, sin embargo estaba prendida. Poco después todo era una hoguera. La Colonia Julia Gemela Acci, objeto de sus ansias, estaba conquistada.

    La cosa después fue complicada en el quehacer de cada día. La antiquísima Acci, vetusta y fiera, anudando la sensibilidad del valle con la esperanzas de la sierra, con un libertinaje de arena y de sol, en sus ríos, montada con bloques paganos, con leyendas y aventuras, se vio impresionantemente frenada, girada con vértigo hacia otro norte. En la Colina, pintoresca y cosmopolita- en donde los dioses alternaban con los grecorromanos y con los semitas en una democracia ecuménica, San Torcuato no dejaba de ser el advenedizo, con ansias de monopolio y sacrificios hasta nunca escuchados, que un imprescindible y misterioso suceso había, en el puente atado a la ciudad. La Colonia, con sus fueros y su soberbia, nunca olvidaba del todo. Torcuato, en ella, desmontando desde su bastiterio aquel mundo pagano, era el más bárbaro de los bárbaros.

    Sin embargo la Catedral de Acci se iba agarrando a la tierra, y las aguas del Valle van alumbrando cristianos nuevos. Pero el apóstol ha de ir más allá de estas funciones espirituales. El Apóstol se ha de solidarizar con el pueblo, con la comunidad secular vinculada al agro, con los indígenas subyugados, con los problemas locales. Torcuato es, sobre todo, el Apóstol del pueblo liso y llano. Y enfrente todo el mundo advenedizo titubea, pensando en sus fueros y en el Emperador, y en prejuicios camuflados con estas razones. Están los judíos escandalizados por el Nuevo Testamento, con su rencor concentrado en este hereje de su concepción mesiánica, están los romanos, desconcertados por esta nuevas ideas al margen de sus dioses tradicionales, están los legionarios que no recuerdan haber oído cosas semejantes en su larga milicia. Torcuato, ajeno a los prejuicios de todos estos, condenado de mucho tiempo atrás, desde que sonó por vez primera su palabra en la ciudad, continua laborando la arcilla de este pueblo, que le pide el agua y la salud. Además de Padre de la comunidad religiosa tiene que ser padre de la comunidad civil, protector del pueblo de sus problemas temporales y colectivos, taumaturgo del Gobierno de cada día.

    Torcuato ha de entretenerse en la fertilidad de los campos, en las vías de comunicación, en las escaceses de alimentos, en las epidemias. Torcuato así, mas que el Apóstol y el padre de cada uno de los accitanos, es el apóstol y el padre de la comunidad reunida. Y así se observa como lo atestigua la tradición y el día de hoy, que todo su culto ha sido siempre el culto de la muchedumbre más que de cada uno de los hombres de ella. San Torcuato, más que el patrono de cada guadijeño ha sido el patrono de Guadix, y el culto que ha recibido, su grande y mejor culto, ha sido más el de la ciudad que el de las personas individuales. Por eso también sus gracias han tenido sabor colectivo. Sus milagros han sido milagros con repercusión general - como la lluvia y el sol, que, cuando él los ha enviado, los ha enviado para todos. Es decir que Torcuato era el auténtico padre hecho a imagen del Evangelio.

    Sin embargo lo asesinaron a palos o pedradas. Pero él, sobre su tumba, dejó, durante siglos, dejó crecer un olivo que daba flores y aceitunas en 48 horas. Era el testimonio tangible de su resolución decidida de ser taumaturgo de todos los problemas temporales y espirituales de Guadix.

    La ciudad vieja, la colonia Julia Gemela Acci continuó en el antiquísimo lugar que Gerión le señalara en la mitología. Pero el mismo horror hacia aquellos que habían asesinado al Santo, las persecuciones y el escándalo de la corrupción del Imperio, hicieron sentirse molestos a los nuevos cristianos. Buscaron nuevo asiento en las tierras que ocupa Guadix hoy. Fue surgiendo así una ciudad nueva, una futura Santa Fe, en donde los dioses del imperio no se enseñoreaban en sus calles ni los prostíbulos escandalizaban a las vírgenes. Allí, aquí, se edificó una Basílica visigoda, sobre los huesos de los mártires. Los moros la hicieron mezquita, para después volver a ser Catedral gótica, y, más tarde, esta Catedral Barroca que todos conocemos.

    Guadix, así, llevada a otro río, se aposentaba en la historia y en la geografía. La ciudad surgía entre las arcillas rojizas y los grises del cielo, cargadas de ilusiones. La catedral y su coro de Torres, con sus campanadas melancólicas, eran el abrigo, y la nostalgia de la ciudad. La ciudad, con ilusión de monacato, tras la reconquista se va a trocar en convento, en convento donde ni el árbol ni la plaza pueden eclipsar la Iglesia. La ciudad solo tiene ilusión para esa Catedral, testimonio tangible para sus propósitos, y altavoz perenne de San Torcuato. El ambiente se hace místico y melancólico. Guadix, más que una comunidad natural, es un convento con una regla, una obra de voluntad y una misión de destino. De esta manera el Obispo viene a ser una institución más arraigada y trascendente que el Corregidor, como también lo es más la Ermita que el Mesón, teólogo que político. El clérigo va, el primero, tejiendo la música, de los rincones, de la cultura.
    La ciudad huele a liturgia. Y la música de las campanas es quien le da su máxima plenitud, su mejor y más íntima capacidad de ser.

    En este Guadix las fiestas no eran, no podían ser otra cosa, que un constante derroche de Santos en procesión. Los Santos paseaban por las calles, como ahora las muchas en las tardes de domingo. Los santos estaban para todo, para la lluvia, para ahuyentar la peste, incluso para el mejor éxito de la Constitución en 1812. San Torcuato capitaneaba a todos los santos callejeros. El es, sobre todos, quien ha de solucionar los problemas, más políticos que religiosos. Los problemas del campo y de la industria, del Hospital real, de la sanidad municipal de la sequía. Así, sin darnos cuenta había hecho Guadix a San Torcuato, además de primer Obispo también primer Corregidor de la ciudad. Por eso lo hallamos con más frecuencia que en la lenta elevación de la Catedral, resolviendo problemas municipales.

    La determinación de la Archicofradía de San Torcuato de dar el título de Hermano Mayor de Honor, a perpetuidad, al Acalde de la ciudad, por el tiempo fuere, no hace más que dar carácter a un hecho natural. Los 200 caballeros que se repartieron Guadix, por gracia de los Reyes Católicos, eran hermanos de San Torcuato. Ellos eran la ciudad. E igual que ellos fueron sus descendientes, permanentemente, hasta la guerra de la Independencia que tanto nos quitó.

    La ciudad, esa ciudad que no cambia con el tiempo ni con los ferrocarriles, ni con la política, ni con la moda, ha amado siempre profundamente al Santo, ha gemido calladamente las pesadumbres del Santo, se ha impacientado incluso porque el Santo tiene con frecuencia más paciencia de la que creemos prudentemente tener. Más que de los accitanos el Santo es de la ciudad de Guadix. Por eso, cuando este patrimonio de San Torcuato, ha visto al Sr. Alcalde en la parentela formal de San Torcuato se ha alegrado en lo más profundo de los huesos de esos mártires que son el cimiento de la urbe y de la ciudad. Era un acto de justicia, ciertamente. Y también de amor. Porque la ciudad dejándose moldear en la mano del Apóstol, haciéndose objeto de sus milagros, añorado la flor y el aceite del Santo, proporcionándole la ira y la sonrisa, el martirio y la esperanza, bien digna se había hecho a ratificar con la legalidad lo que la sangre de San Torcuato había hecho naturalmente.

    Hoy es un gran día para Guadix, porque de una manera real, el Ayuntamiento forma en las huestes del Patrono. Esta ciudad que es sobre todas las cosas patrimonio exclusivo del Santo, porque fue levantada con su aliento y su recuerdo, porque fue ideada como claustro exclusivo de amor por él, porque esto más que ciudad es una catedral con casas, comercios y cines, a la vez que se hace justicia a sí misma hace justicia al Santo. Porque esto es tanto como devolver al apóstol aquella vara de Corregidor que en el año 1624 le entregara su poseedor D. Juan de Pizarro y Aragón cuando hizo de San Torcuato Gobernador, con él, del corregimiento. D. Juan Pizarro no era ni beato ni tonto, sino más bien todo lo contrario. Consciente de los problemas que agobiaban a la ciudad por dentro y por fuera, convirtió a San Torcuato no en mero tenedor simbólico de sus atributos de mando, sino que lo hizo, como antaño, práctico y efectivo gobernador de la ciudad. Cuantos problemas se le planteaban, dejábalos, cuanto podía, al margen de la autoridad real, poniéndolos a los pies del Santo y sacaba a este cuantas veces era necesario por calles y campos para que se hiciera mejor cargo del aprieto y resolviera. El santo efectivamente comprendía mejor y resolvía. Hubo de hacer el santo, otra vez, de taumaturgo, que esta es en definitiva la principal dicción del que gobierna: ser un milagrero de la cosa pública. Y el municipio, llevado por los dos Corregidores, fue saliendo de aquel laberinto en que se había trocado España a partir del siglo XVII. En nuestra ciudad, mísera y agobiada, San Torcuato fue quien resolvió el problema de la langosta que nos asaba. Y los tabardillos que esquilmaban al pueblo.
    San Torcuato hizo de ingeniero, de pararrayos, de comerciante, de limosnero. San Torcuato hizo, sencillamente de padre, porque era buen Obispo y Corregidor.

    Por eso ahora, metido el Corregidor en las huestes de San Torcuato, hecho otra vez el santo dueño y señor de la heredad perpetua, yo le diría al Sr. Alcalde que copiara de aquel Corregidor. Que sin perjuicio de dar al César lo que es del César, ponga muchos de los problemas de que suponemos estará sobrado en la manos de ese corregidor perpetuo que es San Torcuato para Guadix. Y que trate de sacar el Santo cuantas veces sea necesario, como antaño, para que mejor se haga cargo de los problemas del agua en Guadix. ¿Cómo las aguas, aunque sean potables, no se le encomendaron?... El camino de San Torcuato era más breve que el de la Administración pública. Y como este cualquier otro.

    Episcopal San Torcuato. Padre de España, Patrono y Corregidor de Guadix, se muere de aburrimiento, se muere porque le pidamos algo, se muere por vivir entre nosotros, entre nuestros problemas, entre la angustia de nuestra esperanza. Se muere, Sr. Alcalde, por cambiar, en beneficio de todos, la mitra por el sombrero de tres picos.



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    editado por: ASandy, 06/12/2011 19:52h<!-- end editby -->
  • Publicado: 18.12.2011, 18:21
     
    ASandy
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    "BAZA HISTÓRICA" De Luis Magaña. Año 1927

    Cuando fui invitado a pronunciar el Sermón en las Fiestas patronales de Baza, una vez terminada la ceremonia religiosa, fuimos invitados por el Excmo. Ayuntamiento al ágape tradicional, donde el Excmo. Sr. Alcalde de Baza me dedicó el libro de "Baza Histórica de D. Luis Magaña" publicado el año 1927: -Al Rvdo. Sr. Cura párroco D. Agustín Sánchez, como recuerdo de su magnífico sermón en el día de hoy. Baza 4 del 12-58
    Asistía a la Invitación el Excmo. Sr. Obispo D. Rafael Álvarez Lara y con él, entre otros, D. Ángel Casas, Notario, ya conocido por su colaboración en nuestro periódico.
    En la conversación D. Ángel Casas me dijo que la Historia de los Obispos de Baza que había sido el tema de mi predicación, lo habría tomado de la Historia de D. Luis Magaña y de algunos escritos que él mismo había publicado.
    Le dije que los había tenido presentes, pero que la base de mis comentarios elogiosos para la Ciudad de Baza eran tomados de la Obra: Historia del Obispado de Guadix y Baza de D. Pedro Suárez, publicada el año de 1696.

    Siempre Baza y Guadix han reñido por su importancia en la antiguedad y quien había destacado más a través de la Historia.
    Reconozco a ambas ciudades su notabilísima y característica personalidad, ya comentadas, mas referente a las sillas Episcopales, el Padre Suárez deja bien demostrado el carácter histórico de Guadix por haber sido el primer pueblo que se convierte a la fe y que tiene la primacía catedralicia episcopal española, en su Obispo S. Torcuato.
    Cierto que el Obispado de Baza tiene más o menos la misma antigüedad, porque los demás Varones Apostólicos dejando a San Torcuato como Obispo de Guadix se marcharon cada uno a diversas ciudades a predicar el cristianismo, y así San Tesifón se dirige a Baza en primer término dada la importancia de aquella Ciudad. Y así nos lo describe D. Luis Magaña : "Cimentada con tan sólidas bases la Iglesia accitana, en la persona de San Torcuato -escribe una docta pluma- vio salir por sus puertas a seis hombres miserables, desnudos de todo lo que el hombre llama valor; bajos de suelo, humildes de condición, simples de palabras, sin crédito ni autoridad; que ignorantes del arte de la intriga y de los artificios del engaño, se proponían, no obstante, realizar una renovación santa en nuestro suelo", Aquellos seis hombres eran Tesifón, Cecilio, Esiquio, Indalecio, Segundo y Eufrasio.
    Con lo que queda confirmado que S. Torcuato se queda como Obispo de Guadix con Sede oficial antes de la salida apostólica de los otros seis a diversas ciudades, donde ejercerán como Obispos.
    San Tesifón predicó en Baza, Huescar y Vergi (Berja) y puso su Sede en Baza, porque ni Huescar ni Berja pueden presentar en la Historia un solo Obispo.
    "Que la Silla episcopal de Baza fue una de las primitivas, lo demuestra el hecho auténtico, innegable, de haber asistido uno de sus Obispos al Concilio Iliberitano, el más antiguo de que se tiene memoria.". "La ciudad de Elvira al parecer era una población que hoy ya no existe y la sitúan a unas siete millas de Granada: Elliberis o Illiberis ( Elvira). Y el Concilio se debió celebrar en el año 303 según consta en un antiquísimo Códice de la Catedral de Urgel. Y llama la atención que en una época tan temprana se celebrara un Concilio, lo que pone de manifiesto la fuerza y organización de la Iglesia española".

    Los Varones apostólicos predicaron en diversas ciudades entre las que eligieron su Sede, porque "habiendo sido enviados desde Roma a evangelizar toda esta parte de España no hubiesen podido cumplir el mandato de San Pedro, ciñéndose a la predicación en una sola ciudad. Predicaron no solo en las ciudades donde ellos instalan su Sede Episcopal y así San Tesifón predicó también en Berja (Vergi) y Huescar", pero San Tesifón señala su Sede en Baza llamada antiguamente Basta, cabeza de los pueblos bastetanos.
    "San Tesifón tuvo sucesores en el episcopado bastetano subsistiendo prospera y eficiente su Silla a fines del siglo IV, pues del último Obispo que tenemos noticia es de Eutiquiano, que asistió al Concilio de Elvira. Ignórase por completo detalles de la vida de Eutiquiano, aunque no es aventurado suponer que el hecho de regir una Iglesia en aquel siglo de espantosas persecuciones, en el que abrazar el cristianismo era tanto como decretarse a sí mismo una sentencia de muerte, conseguiría la corona del martirio como ya la había sufrido San Torcuato y como la consiguieron muchos de los Padres del Concilio de Elvira. Pero las persecuciones, primero de los Emperadores romanos, seguida de la invasión de los bárbaros y después de los moros, nos manifiestan lo que hubieron de padecer en estos tiempos y que nos privaron, por la destrucción de documentos, de conocer los nombres de aquellos Prelados."

    En Guadix sabemos que al fín del siglo I y del III tenía cristiandad regida por Obispo sin que podamos señalar con absoluta certeza el nombre de todos los Pastores. Las persecuciones de Valeriano y Galieno no privaron a Guadix de Prelado pues le mantuvo después de aquella persecución y antes de la de Diocleciano. Y aunque Guadix se convirtiera al cristianismo seguía siendo romano y a San Torcuato ellos le martirizaron.

    Celebrado el Concilio de Illíberis sobre el año 303 con la asistencia de 19 Obispos y 36 Presbíteros, y presidido por San Félix Obispo de Guadix, trataron de acomodar con normas la vida cristiana dentro de las aún contemporáneas costumbres del ambiente idólatra, procurando evitar estas prácticas mezclándolas con las de los fieles cristianos; sus cánones se aprovecharon en casi todos los Concilios que se celebraron después, citándolos con veneración porque eran fuente clarísima en que se retratan las costumbres de aquellos primeros siglos del Cristianismo: como que ya se reconocía la Jerarquía Eclesiástica; que se rechazaba la brujería; que a los Sacerdotes se les prohibía el comercio y que tuviesen en su casa a mujeres extrañas, de donde se inicia eclesiásticamente el proceso del celibato, aunque aún aquí no se impone, sigue su proceso como ley, hasta llegar a Trento; sabemos que ya existían Templos en aquellos tiempos de persecuciones; que ya se celebraban algunas Fiestas como la de las Pascuas de Resurrección y Pentecostés, y otro gran número de normas contenidas en los 81 cánones de que constan sus actas.

    Poco después de este suceso fue decretada por el Emperador Diocleciano una gran persecución contra los cristianos, la más espantosa de todas las habidas, siendo el encargado de dar en España cumplimiento al decreto de exterminio, Daciano, el ministro más sanguinario y cruel que había tenido emperador alguno. Incontables fueron los que en aquella ocasión ofrendaron su vida en holocausto de la fe, y es de suponer que Baza, donde tan arraigadas estaban las creencias cristianas, como lo prueba la existencia en ella de una Cátedra Episcopal floreciente, correría también a raudales la sangre de los perseguidos confesores de Cristo. Afortunadamente, aquella horrorosa tormenta fue el anuncio de una larga era de paz y prosperidad para la Iglesia de España, y por ende para la de esta ciudad, elevado al solio imperial Constantino convirtióse al Cristianismo.
    Dividió a España en provincias: Bética, Lusitania, Galicia, Tarraconense, Cartaginense y Tingitana (Tingis, Tánger). La Cartaginense comprendía las diócesis siguientes: Acci, (Guadix), Arcábriga, (Arcas, junto a Cuenca), Basti (Baza) y otras diez más.
    Decretada por Constantino la completa libertad de los cristianos, comenzaron a levantar multitud de Templos de sencilla arquitectura, ya que lo urgente entonces era tener lugar adecuado en que poder congregarse. Las grandes construcciones vendrían después.
    A pesar de haber cesado las persecuciones, carecemos de datos relativos a los inmediatos sucesores del Obispo Eutiquiano de Baza como de no pocos Obispos hasta después de los Reyes Católicos. Católicos.
    Esta falta de datos es general para todas las diócesis españolas.
    Muerto Constantino en el año 337 la paz de la Iglesia vióse turbada por la herejía de Prisciliano y los Obispos españoles levantaron su potente voz en el Concilio de Zaragoza, celebrado el año 380, donde solo aparecen los doce Prelados que a él asistieron pero no consignaron las actas a las Iglesias que representaban. Y aunque en él aparece un Eutiquiano, por la edad que debía tener en esta fecha no es verosímil que hubiese vivido ochenta años como Obispo Eutiquiano de Baza, porque es de suponer que serían elegidos Obispos de bien madura edad. Diversos críticones los establecen en algunas circunstancias, pero no son de valor realmente histórico.

    Y como si el pueblo romano hubiese cumplido su misión en la Historia, estaba muy próximo a desaparecer del gran teatro de la Humanidad. Grandes hordas de bárbaros comenzaron a irrumpir en el imperio.
    En España católica, por temor a esa invasión que llegaría, los Obispos determinaron reunirse en Concilio de Nicea pues los invasores eran furibundos adeptos de la herejía Arriana. Y en España en el año 400 tuvo lugar el primero de aquellos célebres Concilios de Toledo donde 19 Prelados se reunieron pero sin que las actas señalen a todas las Iglesias que representaban los Obispos.
    -El arrianismo tomó su nombre de Arrio (256-336) sacerdote de Alejandría y después obispo libio, quien desde el 318 propagó la idea de, que no hay tres personas en Dios sino una sola persona, el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan. El Hijo es, por lo tanto, criatura y el ser del Hijo tiene un principio; ha habido, por lo tanto, un tiempo en que él no existía. Al sostener esta teoría, negaba la eternidad del Verbo, lo cual equivale a negar su divinidad. A Jesús se le puede llamar Dios, pero solo como una extensión del lenguaje, por su relación íntima con Dios. Admitía la existencia del Dios único, eterno e incomunicable; el Verbo, Cristo, no divino sino pura creatura, aunque más excelsa que todas las otras y escogido como intermediario en la creación y la redención del mundo. Aunque Arrio se ocupó principalmente de despojar de la divinidad a Jesucristo, hizo lo mismo con el Espíritu Santo, que igualmente lo percibía como creatura, e incluso inferior al Verbo.
    Arrio, tras formarse en Antioquía, difunde sus ideas en Alejandría, dónde en el 320, Alejandro, obispo de Alejandría, convoca un sínodo que reúne más de cien obispos de Egipto y Libia, y en el se excomulga a Arrio y a sus partidarios, ya numerosos. No obstante, la herejía continúa expandiéndose, llegando a desarrollarse una crisis de tan grandes proporciones, que el Emperador Constantino el Grande se vio forzado a intervenir para encontrar una solución. Fue el Concilio de Nicea, el 20 de mayo del 325 D.C., donde el partido anti-arriano bajo la guía de San Atanasio, diácono de Alejandría, logró una definición ortodoxa de la fe y el uso del término homoousion (consustancial, de la misma naturaleza) para describir la naturaleza de Cristo:
    «Creemos en un solo Dios Padre omnipotente... y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial al Padre...» (Manual de Doctrina Católica Denzinger - Dz 54).
    He querido ampliar la relativo a Baza, citando entre comillas la obra "Baza Histórica" porque ciertamente fue Obispado , y esta gloria histórica de la Ciudad Bastetana le corresponde.
    En capítulos anteriores hemos visto las vicisitudes de la desaparición del Obispado de Baza, y cómo quedó dependiente del Obispado de Guadix, y por ello se conserva el título de la Diócesis: OBISPADO DE GUADIX Y BAZA.



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    editado por: ASandy, 18/12/2011 20:30h<!-- end editby -->

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